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sábado, 14 de noviembre de 2015

A Las Afueras Del Cielo



Amanece un día limpio y claro,
pero bajo un cielo apacible y sereno
se puede esconder todo un infierno
tras el disfraz de un día normal.

Con el brío de una tormenta en el paladar
y el frío de todos los inviernos en la piel,
el Rey extranjero suspira por la pócima secreta
que le de fuerza sobrenatural ante sus enemigos,
la noche se eleva alimentada por  la oscuridad
mientras que debajo de la alfombra
entierro las estrellas muertas  bajo los acordes de guerra,
en los pliegues del corazón Godo  escondo los restos de mi voz,
aquella  con la que afilaba mis fuerzas
y las enfrentaba a los sortilegios del amor,
pero mis besos naufragaron en una isla sin tesoros que buscar
y la botella con mi mensaje de salvación se hundió en el fondo del mar.

En las orillas del Tajo
vuelan las cenizas de las miradas sacrificadas
en aras de un ideal rebozado con sulfuro de sodio y azufre
solo apto para paladares sin conciencia,
las esperanzas entrecortadas
van a desembocar al último capítulo de nuestras vidas,
la que este nefasto día ahogará en gemidos de dolor
violando su belleza marchita en el pecho de las sombras.

Ahora sólo me queda entonar el último adiós,
cantar una misa de réquiem cuando muera  la luna
y enterrar mi boca inmóvil en una tumba de silencio,
justo al final del camino, a las afueras del cielo,
donde deambulan las almas que nunca han de morir
porque nunca nacieron.
***
**
*
EL HECHICERO DE BÚ









1 comentario:

Marinel dijo...

Ufff...qué poema tan enorme, hermoso, sentido y para mí, emotivo hasta la médula.
Un abrazo.