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lunes, 19 de enero de 2015

¡Ojalá!

                                                                        ¡OJALÁ!                                                                           

Ojalá que amor siempre se escribiera con “h” de humor,
guerra con “j” de juerga y divorcio con “d” de diversión,
que jeringuilla se escribiera con la “g” de golosina,
Uranio con  “h” de humano
y hemorragia sin “h”, como abrazo o “achuchón”.

Ojalá que las bayonetas fueran las chinchetas
con las que cuelgo los pósteres en las paredes de mi habitación,
que las trincheras fueran los surcos por donde corre el agua
que riega los huertos con los naranjos en flor,
ojalá que bomba se escribiera con la “b” de bombón
venganza con la “c” de corazón,
llanto con la “y” de yoga y escopeta con la “e” de emoción,
arañazo con la “h” de hermosa y puñetazo con la “c” de canción.

Ojalá que fanatismo se escribiera con “f” de fiesta,
terrorismo con “t” de tertulia y atentado con “a” de amor,
ojalá que las puertas del cielo no estuvieran tan lejos,
ojalá que no hicieran falta fronteras,
ojalá que mi adversario no fuera mi enemigo
y lo aceptara tal y como es,
 alguien que me ayuda a superar a mi mismo me y me hace crecer.

Ojalá que todas las guerras santas se celebraran
tirándose tartas a la cara,
y los únicos entierros que se oficiaran
fueran  de aquellos que han ligado con una Santa
y han quedado en el cielo para ir a bailar con ella
 el fin de semana.
***
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lunes, 5 de enero de 2015

Versos En El Agua (Recuerdos de mi padre)

VERSOS EN EL AGUA
(Recuerdos de mi padre)



Mi infancia quedó enterrada a los pies de un viejo almendro
en un pequeño pueblo ignorado de Castilla,
tendido a los pies de un valle verde y claro
desde el cual brotaba sin cesar el aroma de la felicidad
reconstruyendo sin descanso
 las ilusiones rotas de mi corazón enamorado.

Recuerdos de cigüeñas en el campanario
y mariposas multicolores 
volando entre el blanco de tu risa
y el deseo mal disimulado de la prisa de mis quince años,
el bostezo de la sombra sobre los tejados,
risas colgadas en el viento del verano
soplando desde tu falda
hasta el sediento cielo esmeralda de mis manos.

Recuerdos de la tierra de mi padre,
caminando por la vida siempre con el futuro en sus manos,
fiel y seguro en su parcela de tiempo,
así le recuerdo,
escribiendo con su presencia versos en el agua
en aquellas interminables tardes de poesía bajo el cielo.

A MI PADRE

Mi padre me enseñó a no hacer ruido, y eso hago,
 ¿o acaso no es solo un leve susurro el roce de mi lápiz contra el papel
al desplazarse a lo largo de una página en blanco?.

Mi padre fue unos de esos grandes hombres
que amaron el silencio por encima de todo,
 y sin embargo
 conquistaron el cielo con sus palabras,
 nunca escatimó esfuerzos
 en ser el primero
 en enarbolar la bandera de la verdad contra la injusticia.

Su reloj siempre marcaba la hora en punto,
ni se atrasaba ni se adelantaba,
siempre llegaba de los primeros en rescatar a los náufragos en alta mar
y era uno de los últimos en llorar,
raramente juzgaba,
yo no recuerdo haberle visto nunca poner un pie en la tierra de nadie
porque creía firmemente que los límites de los derechos de uno
era la frontera de la libertad de los otros,
y que esa barrera jamás había que cruzar,
ese era el primer mandamiento de su tabla,
 que por otra parte era bien escasa, todo se  reducía
a que la noche tenía sus estrellas y luz del sol la mañana,
que todo gira alrededor de lo mismo y en el fondo
todos somos parte de un misterio que nunca se acaba.

A su manera mi padre fue un sabio, 
siempre caminó erguido
dentro de los limites de las enseñanzas que la vida puso a su disposición,
sabía lo que necesitaba y no rehuía lo que ignoraba, 
muy al contrario,
 siempre andaba hojeando páginas en busca de nuevos desafíos
que pusieran a prueba su valor,
“el miedo es de carne y hueso”, 
decía “
y se arrastra a ras de suelo,”
“el conocimiento vuela sin miedo a caer”
esa fue su mejor lección y la que mejor me enseñó.

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